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sábado, 26 de marzo de 2011

Hasta Siempre


Hola mis amores, aquí mi primera entrada formal, es un one shoot muy romántico, espero que les guste.

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Hasta Siempre

One Shoot

Soranyi Margarita Vargas Chalas

Sonyi

En la habitación se sentía el calor y se respiraba el olor del acto que acaba de concluir, sus manos alrededor de su cintura, la cabeza de ella apoyada en su pecho, y sus brazos sujetándolo con fuerzas, como si se fuera a escapar, como si al salir el sol él fuera a desaparecer, pero no, ella sabía que no se iría, la amaba, la adoraba, la idolatraba y se lo había demostrado hace poco tiempo. Le hizo el amor, porque eso fue, no solo sexo, mientras estuvieron juntos el se dedico a amarla, a decirle cuanto la necesitaba, la quería, como no podía estar lejos de ella. Así en envuelta en el, rememoro la maravilloso que fue sentirlo.

El llego del trabajo, en sus ojos se notaba el cansancio, pero también la felicidad de estar en casa. Ella estaba feliz, había preparado la cena, para decirle la maravillosa noticia, inmediatamente escucho sonido de la puerta corrió al encuentro de su amado.

Enrollo sus piernas en su cintura y lo beso con pasión, deseo, pero sobre todo con amor, ese amor que la carcomía, la llenaba, la hacía feliz y él le correspondió gustoso, con las mismas ansias, con las mismas necesidad, con el mismo amor. Cuando sus cuerpos necesitaron del tan preciado aire se separaron a regañadientes, pero con la firme convicción de que era el preludio de algo.

- Hola amor, te he extrañado.- le dijo él con una radiante sonrisa.

- Yo más bebe, vamos a cenas.- le contesto ella, tomándolo de la mano y guiándolo al pequeño pero hermoso comedor que poseían en su amado hogar.

- Y esto princesa, que celebramos.- comento el al ver las velas, flores y la mesa bellamente decorada.

- Es que no puedo consentir a mi amado esposo.- hablo ella en tono inocente, si él no la conociera le hubiese creído, pero lo dejo pasar, sabía que se lo diría tarde o temprano.

Caminaron a la mesa, él como todo un caballero la ayudo a sentarse y luego hizo lo mismo, con las manos entrelazadas, y las miradas fijas comenzaron a comer. Disfrutaron de la cena en silencio, esa era una de sus grandes hazaña, no necesitaban hablar, solo el estar juntos, los hacia sonreír, ser felices, luego de unos momentos el hablo.

- Esta delicioso amor.- dijo pasando su lengua por sus labio, haciendo que ella se estremeciera.

- Gracias.- apenas contesto, y el solo sonrió, sabía lo que lograba en ella.

Muy despacio deslizo su mano por debajo de la mesa hasta tocar su muslo y el cuerpo de ella casi y salta de la silla, el solo rio con más ganas y ella le frunció el seño pero no logro su idea de parecer molesta.

Ella sintió que si no hablaba ahora, no lo haría, no esposo lograba, descolocarla, alterarla y hacer que perdiera todo signo de actividad cerebral.

- Amor, tengo que decirte algo.- inicio ella, logrando que concentrara toda su atención en ella y dándose por satisfecho ya que había logrado su objetivo.

- Dime pequeña.- le dijo dándole su más hermosa sonrisa, ella solo trago el nudo en garganta y continuo.

- Sabes, fui al doctor hoy.- el inmediatamente se tenso, no concebía su vida si ella no estaba, miles de situaciones donde la perdía pasaron por su mente y se asusto, ella era todo para el, su vida, su felicidad, la mujer que mas amaba. Ella noto su estado, y sonrió para tranquilizarlo pero no lo logro del todo.

- Tranquilo amor, todo está bien, es solo que vamos a tener mucho que hacer en algunos meses.- el la miro confundido pero aliviado. Al ver ella que no iba a reaccionar decidió dar la noticia sin más.

- Vamos a tener un bebe, tengo dos meses de embarazo.- el quedo estático, no movía un musculo, y ella se tenso al pensar que no le gusto la idea.

Luego de unos segundos, en el rostro de él se dibujo las más bella de las sonrisas, se levanto, la giro hacia él, se arrodillo entre sus piernas y como si de una delicada porcelana o la más fina joya la acercó hasta que sus labio se unieron en el más dulce y tierno beso. Ella no podía estar más feliz y el estaba eufórico, su sueño de formar una familia con la mujer que más ama por fin se estaba haciendo realidad. A los pocos segundo dejo sus labio para descender hasta su plano vientre, donde descansaba el fruto de su amo, el bebe que iba a ser más amado y feliz pues ellos se encargarían de eso.

Comenzó a imaginar que seria, un varón con sus ojos y cabello o una beba como su mama y se dijo que no importaba. Comenzó a pensar en el cuarto, en los juguetes, y de su rostro no se borro una tonta sonrisa pero eso tampoco importaba, por el estuviera allí por siempre y si era para sentir tanta dicha.

- Gracia amor, gracias, gracias.- decía besando su vientre, ella tampoco borraba de su rostro la estúpida sonrisa, de su rostro caían lagrimas de felicidad, se le fue la voz y solo podía sostenerse del hombre que mas amaba y que cada día lograba que lo amara mas.

- Hola bebe, soy tu papi, vas a ser muy feliz, te pequeño o pequeña.- y así continuo hablándole al bebe que crecía sano fuerte en el interior de su madre.

Al tiempo de estar en esa posición, que ella pensaba que le podía resultar incomoda a él, pero que para el era la mejor del mundo, se levanto llevándosela con el, la beso con todo su amor y gratitud por hacerla feliz y ella respondió gustosa, feliz y dichosa.

Con calma, paciencia y delicadeza la guio a su habitación pues decidió demostrarle con su cuerpo lo feliz que se sentía. Al llegar a la acogedora alcoba, volvió a unir sus labios, comenzó a deshacerse de la ropa de ella, con amor, dulzura, devoción, ella por su parte ya sentía la llama de la pasión a punto de explotar, con sus manos temblorosas comenzó a deshacerse de la ropa de él, pronto a ninguno le quedaba nada, y ambos sintieron que estaban en casa, no había mejor lugar que estar piel con piel.

El delicadamente la recostó en la cama, y comenzó a cubrir su cuerpo de besos mientras le decía lo mucho que la amaba y le agradecía por hacerlo feliz, ella gustosa recibía sus besos, y lo recompensaba con caricias, ya que no podía apartar sus manos de él. Se abrazaron, besaron, acariciaron, hasta que sus cuerpos le gritaban por mas, cuando, la necesidad del otro se hizo insoportable, el se deslizo en su estrecha cabida con lentitud, como reconociéndola, marcándola y ella lo recibió gustosa, feliz adueñándose de el, asegurándose de que era él, de que era suyo y nunca se iría.

Comenzaron un vaivén celestial, diciendo palabras de amor, besándose, mirándose a los ojos, acariciándose hasta donde llegaban sus manos, se mecían con suavidad, pero con firmeza, se movían al compas, al latir de sus corazones, de sus almas, gritándose con cada estoca que se pertenecía, que se amaban.

Mucho tiempo después comenzaron a sentir la pasión a punto de consumirlos y no salía, como ese volcán en su interior en su interior comenzaba a hacer erupción, como se acercaban a ese precipicio y lo único que necesitaban era saltar.

El maravilloso orgasmo los golpeo de tal forma, que sintieron que morirían pero al mismo tiempo renacían, diciendo sus nombres y lo mucho que se amaban alcanzaron la cima, el estasis, el mayor de los placeres. Cayeron el uno sobre el otro, el con su infinito amor rodo para acomodarla en su peso, beso su frente, y la abrazo así, pues no se sentía con fuerzas para soltarla, no se sentía con fuerzas para dejarla pues ella era suya así como el era de ella.

Con un beso de su amor fue traída al presente, lo beso con deleite, disfrutando de su maravilloso sabor y preguntándose si algún día esa magia que compartían se iría. Se abrazaron y con esa tonta sonrisa en sus labios volaron a los brazos de Morfeo, con la plena conciencia de que nunca dejarían de amarse, y por el contrario se amarían cada día mas.

Fin